En el mismo espacio, usan un teléfono varias veces al día, miran una media de 75 avisos de publicidad cada 24 horas. Pero, al mismo tiempo, los estudios y observaciones de psicólogos, comunicólogos y sociólogos, incluso de un sector de los publicistas, señalan que los ciudadanos contemporáneos usan menos palabras para comunicarse con sus semejantes, comparado con décadas atrás.
Entonces, la pregunta que salta es la siguiente: ¿y con cuáles signos se comunican?, porque la vida social actual, al contrario de las anteriores, impone una mayor enredadera de comunicaciones inevitables.
La respuesta tentativa es que se están usando más gestos, simbologías, representaciones e insinuaciones que antes. Muchas de estas nuevas formas comunicativas se realizan por medio de aparatos, lo que a veces genera la ilusión de que hablamos más.
En realidad, se está formando un tipo humano del que no se tiene registro en las ciudades antiguas o aquéllas surgidas con el florecer de las civitas y los burgos del Renacimiento y la Revolución Industrial.
La tendencia marcada es que las nuevas formas de relacionarse socialmente lo van convirtiendo en un ser más "anónimo", conviviendo en megaciudades donde apenas conoce a su vecino.
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