miércoles, 30 de octubre de 2013

~AQUELLA POLEMICA EN EL BAR ~


na ciudad actual, es decir, una aglomeración de ciudadanos vista desde un edificio muy alto nos aparece como una masa amorfa por sus matices. A eso se refieren los teóricos actuales de la comunicación cuando usan el viejo concepto alemán mass media para referirse a la universalización de las comunicaciones a través de medios que por primera vez logran alcanzar a casi toda la gama de personas que pueden acceder a un diario, una revista, escuchar la radio, ir al cine, ver el noticiario o una película, o ver televisión cómodamente sentados en sus hogares, o en los bares, según la última moda porteña.
Una encuesta privada realizada en 20 bares de la Capital Federal, ubicados en cuatro barrios distintos, arroja datos que asombrarían, aun a quienes ya perdieron la vieja "capacidad de asombrarse".
Por ejemplo, entre los hombres de 40 a 65 años, habituales tomadores de "cortado" y comedores de medialuna, se modificó el criollo y sabroso hábito de conversar en grupo. Eso fue tan porteño como el Obelisco, a tal punto que algunos productores avispados inventaron programas de televisión para codificarlos en el imaginario popular, y ganarse unos pesos. Ese "sagrado" hábito porteño, inmortalizado por Enrique Santos Discépolo y Homero Manzi en tangos que son verdaderos relatos de la vida social en el bar, se está extinguiendo.
¿Qué lo sustituye? Muy simple: ver fútbol en una pantalla frente a la que todos se acomodan en filas, como si estuvieran en una sala de cine. Los gritos de gol y la cuenta permiten recordar que se encuentran en un bar.
Y así como a mediados del siglo XX aparecieron en Estados Unidos los autocines, deberemos comprender que estamos ante el nacimiento de los "cinebar" del siglo XXI.
Ese hecho muestra uno de los tantos cambios, no todos tan malos, que trajeron las nuevas formas de vida ciudadana.

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